El cuerpo es un instrumento que sólo produce música cuando se emplea como cuerpo. En el sexo, en la sensualidad, como cuerpo. La santidad, o el éxtasis religioso, sólo se alcanzan mediante un triangulo de la vida-cuerpo, la vida-mente y la vida-alma. Como una orquesta, y del mismo modo que la música traspasa las paredes, la sensualidad traspasa el cuerpo y alcanza un éxtasis que va mas allá de las formas morales en el amor de toda clase y especie, entre hombres y entre mujeres. La orquesta alcanza una plenitud que llega hasta Dios, por mas que el solista solo toque para su alma.
No me pidas que me quede un día más No estoy en guerra con mi vida sólo con la paz Días y noches de amor no justifican nada más ¿Por qué parar? Si nunca quise parar ¿Por qué parar? Si nunca quise parar Cosas que pensamos sin querer llegar A preguntarnos qué queremos antes de morir Miedo a saber que no estarás Cuando yo quiera algo de paz ¿Por qué parar? Si nunca quise parar ¿Por qué parar? Si nunca pude parar No me digas que lo piense una vez más No me preguntes ciertas cosas, No sé contestar No pienses siempre lo peor Sé que espera algo mejor
Ya no estoy a tu lado para conformarte ya entendí que nunca es demasiado... siempre va a hacer falta mas de lo que te puedo dar lo demás me lo quitas de un arrebato, demasiada intimidad.